domingo, 19 de agosto de 2007




Capítulo I. Consumo de productos nocivos a la salud en la adolescencia.


1.1 Definición de droga

Droga, sustancia con efectos sobre el sistema nervioso central (psicotropa) que crea adicción, taquifilaxia y cuadros de abstinencia.

El término ha perdido sus antiguos significados de sustancia química (droguería), de fármaco (sustancia química con actividad terapéutica) y de psicotropo (sustancia con actividad farmacológica en el sistema nervioso central).

Los efectos psicotropos de las drogas son complejos y multiformes, variables según los estímulos ambientales. Pueden clasificarse en euforizantes y excitantes (cocaína, anfetaminas, alcohol en su primera fase, nicotina en su segunda fase), relajantes, sedantes y depresores (opiáceos —heroína, morfina—, benzodiacepinas —ansiolíticos, relajantes musculares e hipnóticos—, alcohol en su segunda fase, nicotina en su primera fase, barbitúricos, Cannabis —marihuana—, inhalantes), y alucinógenos (LSD, peyote, fenciclidina).

Los cuadros de abstinencia siempre son psicológicos y, en el caso de algunas drogas, son además síndromes físicos que pueden resultar mortales. Pueden controlarse con medidas terapéuticas sintomáticas o substitutivas (sustancias menos nocivas, de efectos parecidos, que se retiran progresivamente).


1.1.1 Consumo de drogas

El consumo de drogas en los jóvenes ha aumentado en los últimos años debido a que cada vez existe menos comunicación con el medio que los
rodea por su constante acercamiento con personas no convenientes para ellos que los inducen a este tipo de situaciones con la finalidad según ellos de alejarse por un rato de su mundo y de los problemas que los aquejan como adolescentes.

1.2 Drogas psicodélicas

Las drogas psicodélicas son sustancias que alteran el sistema nervioso produciendo caracteres inadecuados para provocar alucinaciones.

El término fue utilizado durante la década de 1960 para referirse a las sustancias que producían cambios en la percepción o en el humor.

1.3 Tráfico de drogas.

El delito consistente en facilitar o promocionar el consumo ilícito ajeno de determinadas sustancias estupefacientes y adictivas que atentan contra la salud pública con fines lucrativos, aunque esta definición puede variar según las distintas legislaciones penales de cada Estado.

Con el nombre de droga se designa en sentido genérico a toda sustancia mineral, vegetal o animal que se utiliza en la industria o en la medicina y que posee efectos estimulantes, depresores o narcóticos o, como establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), a cualquier sustancia que, introducida en un organismo vivo, puede modificar una o varias de sus funciones. A efectos penales, el concepto de droga (a pesar de las diferentes formas de actuación en el organismo) engloba también las sustancias estupefacientes y psicotrópicas, naturales o sintéticas, cuyo consumo reiterado provoca la dependencia física u orgánica, así como el deseo irrefrenable de seguir consumiéndolas en mayores dosis a fin de evitar el síndrome de abstinencia. La OMS menciona entre los estupefacientes el Cannabis y sus resinas, las hojas de coca y cocaína, heroína, metadona, morfina, opio y codeína; y como psicotrópicos, los barbitúricos, las anfetaminas y los ampliadores de la conciencia, como el ácido lisérgico, la mescalina o la psilocibina.

Por tráfico de drogas se entiende no sólo cualquier acto aislado de transmisión del producto estupefaciente, sino también el transporte e incluso toda tenencia que, aun no implicando transmisión, suponga una cantidad que exceda de forma considerable las necesidades del propio consumo, ya que entonces se entiende que la tenencia tiene como finalidad promover, favorecer o facilitar el consumo ilícito (entendiéndose como ilícito todo consumo ajeno). En algunas legislaciones se considera delito solamente el tráfico, pero no la tenencia de drogas en cantidades reducidas a las necesidades personales del consumidor, mientras que otras tipifican como conductas delictivas tanto el tráfico como la tenencia. Unas y otras legislaciones han de integrarse en los convenios internacionales y, en concreto, en la Convención de las Naciones Unidas sobre el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, suscrito el 20 de diciembre de 1988 en Viena.

1.4 Estimulantes

Un estimulante es cualquiera de las sustancias que producen excitación del sistema nervioso central, aumentan el estado alerta y disminuyen la sensación de fatiga. La cafeína, la sustancia más aceptada y quizá la más utilizada, es el estimulante más importante. La cocaína y las anfetaminas producen sensaciones de euforia más intensas. Las anfetaminas, conocidas como píldoras adelgazantes, también disminuyen el apetito.

La cafeína se encuentra en la misma proporción en el café y el té (entre 100 y 150 mg por taza) y en el cacao y bebidas de cola (unos 50 mg por taza). Aunque se trata de un estimulante muy suave, una sobredosis de cafeína puede producir estimulación excesiva, palpitaciones e insomnio.

La cocaína, un polvo blanco derivado de las hojas de coca es inhalada o fumada como crack, una forma más concentrada, se utiliza como euforizante. Aunque no produce dependencia física, sí da lugar a dependencia psicológica y produce adicción. Las anfetaminas son estimulantes sintéticos que tienen un efecto similar a la adrenalina sobre el sistema nervioso central. Desde 1960 se ha producido un abuso de éstas, como drogas de dispensación libre para suprimir el apetito. La fenilpropanolamina, un supresor del apetito, ha sido retirada del mercado porque produce crisis de hipertensión.

1.5 Efectos que tienen las drogas al ser consumidas por adolescentes

A) Alucinaciones: percepciones falsas en alguna de las cinco modalidades sensoriales sin estímulos externos que la provoquen, en la que se perciben objetos y/o seres inexistentes. Las alucinaciones son posibles en el estado intermedio entre vigilia y sueño (alucinaciones hipnagógicas, que son absolutamente normales), o en el transcurso de un delirio psicótico, delirium tremens, por una fatiga extrema, o bajo los efectos de la hipnosis. En el delirio psicótico, las alucinaciones auditivas son las más frecuentes, mientras que las hipnagógicas, o las propias del delirium tremens, suelen ser visuales. Las alucinaciones persistentes son características de la esquizofrenia, en cuyos casos más típicos los pacientes oyen voces acusadoras o de mando a las que reaccionan con pánico, con una obediencia servil, o con intentos inútiles de autoprotección e incluso de suicidio. La alucinación es diferente de la ilusión, percepción falsa a partir de un estímulo existente, que se puede provocar con la ingestión de drogas como la mescalina, la marihuana en grandes dosis, o la dietilamida del ácido lisérgico (LSD). Tanto las ilusiones como las alucinaciones pueden ser producto de la administración de alguna de las llamadas drogas psicotrópicas.

B) Enfermedades y alteraciones al sistema nervioso.

Sus consumidores describen dos fases en los efectos: primero, estimulación, mareo y euforia; y después, sedación y tranquilidad placentera. Los cambios de humor se suelen acompañar de alteraciones en las percepciones del tiempo, del espacio y de las dimensiones del propio cuerpo. Muchos consumidores refieren aumento del apetito, aumento de la percepción sensorial y sensación de placer.

Los efectos negativos incluyen confusión, ataques de ansiedad, miedo, sensación de desamparo y pérdida de autocontrol. Los consumidores habituales de marihuana pueden desarrollar un síndrome amotivacional que se caracteriza por pasividad, disminución de la motivación y preocupación por la dependencia de la droga. Como ocurre en la intoxicación por alcohol, en la intoxicación por marihuana se produce un deterioro del juicio, de la comprensión, de la memoria, del lenguaje, de la capacidad para resolver problemas, del tiempo de reacción y de la destreza para conducir.

No se han determinado los efectos del uso prolongado de la marihuana sobre la capacidad intelectual y tampoco se ha demostrado que su consumo produzca lesiones cerebrales. Sin embargo, fumar marihuana puede dañar los pulmones y su consumo a largo plazo puede aumentar el riesgo de padecer cáncer de pulmón. Aunque el consumo de marihuana no origina adicción física y su abandono no produce síndrome de abstinencia, en los consumidores habituales sí puede originar una dependencia psicológica.